En el discurso de inauguración de la capilla ecuménica de Houston, en 1971, Dominique de Menil pronunció: Creo que las pinturas nos dirán a cada uno lo que debemos pensar de ellas si les damos una oportunidad. Toda obra de arte crea el clima en que debe entenderse. Rothko quería que sus pinturas fueran íntimas e intemporales. Y en verdad son íntimas e intemporales. Nos envuelven sin encerrarnos. En sus superficies oscuras y sus tonalidades rojas y marrones somos capaces de mirar hacia el infinito. El arte abstracto puede conducirnos al umbral de lo divino.